Parte II
El pensamiento intelectual es el que predomina hoy en día. El desarrollo inesperado que alcanzaron la ciencia y la técnica en la segunda mitad del siglo XX, inclinó la balanza hacia ese tipo de pensamiento, tanto que lo empleamos en forma casi exclusiva, en desmedro de otras funciones del cerebro.
El pensamiento intelectual se manifiesta en una forma de actuar práctica, ahorrativa y resolutiva que hemos aprendido a aplicar en nuestra vida diaria. Es el intelecto quien nos hace saber, en caso de necesidad, cómo se arregla un circuito eléctrico o de qué modo haremos la respiración boca a boca en una urgencia.
En la nota anterior vimos que el pensar intelectual es especulativo y arrastra con él no sólo la carga de nuestro pasado individual, sino también, la del pasado colectivo.
Lo que llamamos “yo” o su acentuación, el “ego”, es el representante de tal pensar y el producto final de una serie de ingredientes que incorporamos sucesiva o simultáneamente a lo largo de la vida. Podríamos decir que, factores como la genética, el parto, la alimentación, el clima, la conciencia paterna y ancestral, las diferentes culturas, la educación, la propaganda, entre otros muchos y con distintas grados de importancia, determinaron lo que somos hoy. De esa combinación surgimos.
El hombre, ignorante de esa programación que se inicia en el momento en que es concebido, se considera libre.
La mochila que recoge toda la saga del pasado es pues la que constituye el eje del pensamiento intelectual o egocéntrico que estamos tratando,
Pero existe otra función de la mente natural que nos propone una alternativa al pensamiento intelectual. Se trata de la conciencia que llamaremos comprensiva, Ella nos libera no solo de todo libreto cultural y social sino también de las heridas del pasado albergadas en la memoria.
La conciencia comprensiva nos permite ver y vernos con discernimiento y ecuanimidad. Es unificadora y se la puede considerar una conciencia religiosa, no el sentido dogmático sino semántico, puesto que deriva del latín religare=unir.
¿Cómo instrumentamos el uso de la conciencia comprensiva? Un ejemplo sencillo de la vida cotidiana sería la actitud que podríamos adoptar frente a las diferencias en general, se refieran éstas a creencias, costumbres, etnias u otras. Mientras en estos casos el pensamiento intelectual define al otro como budista, espiritista, cristiano, judío, mahometano, ateo o negro, indio, ario, semita, etc. ya que es un pensamiento clasificador, reaccionario y trivial, la conciencia comprensiva nos propone que profundicemos la mirada para obtener una visión nueva del ser humano subyacente. De ese modo nos sentiremos integrados con los demás en una percepción humanitaria.
Donde sólo hay intelecto, no hay amor. Es la conciencia comprensiva la que nos conduce a él.
Todos los “deberías” o “no deberías” que arrastramos en el pensamiento intelectual constituyen la trastienda del miedo.
Dr. Oscar Figueroa
miércoles 7 de noviembre de 2007
¿Qué son los miedos? (Parte II)
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Eutimia.com
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19:01
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